Opinión

Frozen 2 aprovecha el mayor error de la primera película – Reflexión con spoilers

Hay dos cosas que me gustan mucho de las películas de Disney: la fantasía y los musicales. Los años noventa fueron cruciales para forjar la identidad actual de las películas animadas de la empresa, fue un renacimiento de los musicales de Disney y su máximo esplendor que nos marcó a toda una generación de millenials que seguimos buscando lo que nos dieron las películas que disfrutamos en nuestra infancia.

Durante esa década también surgió otra corriente importante para dar identidad al presente de las películas animadas de Disney. El Pixar de John Lasseter, que puso la narrativa sobre todas las cosas, sacrificando las canciones casi por completo en la mayoría de sus producciones, buscó más bien conquistar a los públicos con historias que llegaran al corazón de la audiencia.

Después de la década de los dosmiles en la que Disney Animation anduvo sin pies ni cabeza, llegó el momento de poner orden en la casa. Cuando talentos importantes de Pixar pasaron a coordinar los dos estudios, el Disney Animation que resurgió de entre las cenizas de una década olvidable hizo una mezcla entre la emotividad de las historias de Pixar y otras cosas muy características de Disney, como los buenos musicales, así llegó la época de Tangled y Frozen que marcarían por completo el rumbo de los siguientes años de bonanza para el estudio que el mismo Walt Disney fundó casi un siglo atrás.

El fenómeno de Frozen no necesita carta de presentación y se convirtió en pieza clave entre los productos de la empresa, y tortura para los padres de familia que han soportado tanto “Libre Soy” entre los cantos de sus hijas. Tanto fue el éxito de este producto que su directora, Jennifer Lee, ahora es la máxima directora creativa de Walt Disney Animation Studios en esta etapa post-John Lasseter que está comenzando.

A pesar de sus enormes éxitos Frozen tiene sus fuertes detractores y es que es una película que aunque nos conquistó con las maravillosas canciones de los Lopez-Anderson y una historia bastante atípica de princesas fuertes e independientes con una moraleja que elevó el amor fraterno sobre todas las cosas, tiene huecos importantes. La razón es muy sencilla y es algo que han aceptado los creativos detrás de la película: Elsa no iba a ser un personaje bueno, era la gran villana de la historia, un personaje que derritió el corazón de aquellos que escucharon Let It Go y que supieron que no podía ser la mala de la historia, convirtiéndola en un personaje conflictuado que sigue cumpliendo el rol de villana al causar pánico entre los habitantes de Arandelle, refugiarse en su fortaleza de hielo y congelar el corazón de su hermana, pero por otro lado siempre transmitió a la audiencia el mensaje claro de que no era mala, simplemente le tocó tener magia y no sabía cómo comportarse ante tal hecho, sólo buscaba liberarse de esa carga.

Este personaje gris es un accidente afortunado para Disney: la villana transformada en heroína, la modelo de las niñas que buscan a las princesas contemporáneas, la intérprete de la canción más sonada de Disney en la última década, pero que sigue siendo una contradicción extraña en un guión en el que había una gran villana que simplemente desapareció y se transformó en un conflicto de personalidad.

Este es el punto de partida de Frozen 2, una película que, con toda razón, puede ser calificada como innecesaria, un producto que independientemente de ser bueno o malo, busca replicar el éxito comercial de una primera película que marcó mucho del rumbo contemporáneo de Disney.

Frozen 2 parte del hecho de que Elsa sigue conflictuada y a pesar del aparente “vivieron felices para siempre” de la primera entrega, sigue siendo un personaje con una lucha interna, alguien que ya aprendió a controlar sus poderes, pero todavía no sabe de dónde vienen, por qué le tocaron a ella, cuál es su verdadera finalidad… ¿es una bendición o una maldición? ¿la hacen heroína o villana? Elsa escucha un llamado e inicia un viaje que ya disfrutaron quienes vieron la película, una aventura para encontrarse a sí misma. No bastó Let it Go para liberarse, no bastó el control de sus poderes al concluir la primera película, el conflicto sigue ¿por qué tiene magia?

Después de darle una segunda vuelta a la película reflexioné sobre el hecho de que cumple tanto como secuela, como también lo hace como precuela, una que justifica la magia de la protagonista y tapa los huecos narrativos y el mayor error de una primera película que dejó ese personaje gris que originalmente sería una villana y se convirtió en heroína. Es una historia más profunda que no se queda en dirigirse en una sola dirección como la primera. Sí, es un viaje épico en el presente a una tierra desconocida, pero al mismo tiempo es un viaje al pasado, al misterio que envuelven los padres desaparecidos, al origen de la magia; es una historia que va en dos direcciones y eso podría resultar confuso.

Me parece fantástico que este viaje nos permitiera conocer el bosque encantado al norte de Arandelle, un lugar que con sus colores ilumina y da vida al mundo de blancos y azules de la original Frozen. Los que ya disfrutaron la película no me dejarán mentir, la animación y la cinematografía de la película son extraordinarias; es una película que con escenas cubiertas de oscuridad exaltan sentimientos como el conflicto interno de Elsa que sigue el llamado al enfrentarse a la soledad del mar bravío que la separa de la verdad o la tristeza de Anna que queda perdida en una cueva que simboliza su miedo y desconfianza. El bosque está lleno de misticismo: de fuego rosa, de viento con hojas otoñales, del agua con memoria que se convierte en uno de los protagonistas principales del relato. Todo con una perfección visual que roza el realismo sin perder la magia de la fantasía en la animación y la espectacular pirotecnia de los números musicales llenos de color y emotividad.

El grupo que sube unido a la montaña se divide y demuestra sus propios conflictos internos con la intensidad de los números musicales: Kristoff perdido en el bosque de su inseguridad al demostrar sus sentimientos, Anna que tiene que enfrentarse a su miedo para hacer lo correcto, Elsa que sigue el hilo de una verdad distante como eje conductor de una historia en la que la magia es el punto central. La alegría de los momentos que nunca cambian en la primera canción que denota la cotidianidad de la vida en Arandelle después del final feliz de la primera cinta se convierte en la angustia de un viaje a lo desconocido que termina en el descubrimiento personal para todos. El bosque a veces los mantiene unidos y a veces los separa, pero todos deben confiar en “esas cosas que nunca cambian”, como dice la canción, para volver a estar unidos y llegar al fondo del misterio.

Al final sí había maldad detrás del origen de la Reina del Hielo, su familia traicionó a un pueblo por el miedo a la magia, que a su vez selló el bosque dejando una llave única para volver a ser liberado: la magia misma acumulada en la única persona que puede manejarla y no sabe qué hacer con ella. Elsa es la llave, el bosque la llama, el bosque es el origen de todo, el bosque es su destino, el origen de aquello que la ha conflictuado… Entre la escena de maldad y traición de sus ancestros hay un acto de bondad que da origen a la magia; la unión de dos pueblos que se temen entre sí por sus diferencias, se consolida con el puente que surge del amor. Bosque- Arandelle, Magia-No Magia, Elsa-Anna, el acto de bondad entre la traición y la maldad… una dualidad que se complementa pero ante el miedo da origen a todo el embrollo de la primera película y todas las dudas que separan a los protagonistas en esta segunda entrega dentro del bosque. Todo el crecimiento personal de Elsa en la primera película sirve para que alcance su verdadero destino, desemboca en un conocimiento de la verdad sobre su origen, en el aprovechamiento de un accidente afortunado en la narrativa de la primera película que da origen a una secuela-precuela que funciona muy bein.

La película está llena de simbolismos por lo que es espectacular la última cabalgata de la Reina del Hielo desde el bosque mágico al que pertenece, a las costas de Arandelle que representan a su otra mitad, su hermana que engloba toda la parte no-mágica de la historia. El vestido blanco y el caballo de agua, imponentes y resplandecientes en la última escena de todos los personajes reunidos en la costa, representan a un personaje que ha encontrado por fin la paz interior y su lugar. No bastó liberarse, fue necesario ir más allá para encontrar la verdad del pasado para un futuro próspero. Al final Disney justificó muy bien a este personaje gris que termina con una vestido de luz en lo que aparenta ser (o debería ser) la conclusión definitiva de la serie.

Y bueno, entre todo esto no faltó el humor acertado de Olaf que hizo del viaje una aventura divertida. Sigo sin superar la power-ballad de Kristoff en medio del bosque. Sí, Frozen 2 me gustó mucho, me parece una fantástica secuela que sobrevive al hype, se mantiene a la altura de su predecesora y que incluye los dos ingredientes que más me gustan de Disney: la fantasía y los musicales. Me parece que con su historia más madura, reflexiva y profunda, denota esa historia contemporánea de Disney Animation Studios con herencias fuertes de varias épocas que le auguran un buen futuro.

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