Opinión

#TheLittleMermaid: Se vale opinar, pero nunca hay que perder el respeto

Ayer por la tarde se anunció que la cantante y actriz Halle Bailley será la encargada de dar vida a Ariel en la adaptación live-action de La Sirenita a cargo de Rob Marshall, desatando un enorme debate de redes sociales, sobre todo, por la nula correspondencia física de la actriz con el personaje animado de la película de 1989.

Soy de los que no están de acuerdo con la decisión del director de la película y de Disney para el personaje, pero ¿eso justificaría una postura de odio? Si me hubieran visto en el momento del anuncio me hubieran notado triste, decepcionado y hasta molesto, pero eso nunca hubiera justificado que mi respuesta hubiera sido descargar mi sentimiento con comentarios ofensivos de manera pública.

Eso sí, considero que tengo todo el derecho de sentirme inconforme, así como muchos otros se han manifestado ante la poca correspondencia de la nueva Ariel con respecto a la Ariel con la que crecimos. Hay quienes no comprenden por qué hay a quienes nos importa esa apariencia de la pelirroja bajo el argumento de que nadie ha visto a una sirena o que no hay distinción racial entre un personaje de fantasía, pero tampoco pueden descalificar de forma ofensiva esa opinión tachándonos de racistas, retrógradas, extremistas, o cualquier otro calificativo, simplemente por no entender las razones detrás de esa postura. Ha pasado con muchos fandoms, las adaptaciones siempre dejan inconformidades y siempre habrá quienes estén de acuerdo en construir nuevas historias sobre las bases ligeras de la obra en la que se inspiran o el bando que prefiere que se trate de hacer algo fiel a nuestros recuerdos, ¡y todos tenemos derecho a opinar! Habrá a quienes no les importe el cambio en La Sirenita, pero quizá les importe alguna modificación de esas proporciones en la adaptación de un libro, de un videojuego, de un cómic, de una obra de teatro o el remake de otra película live-action… Si eres del bando que no entiende por qué hay gente a la que le molesta el cambio de La Sirenita, podrías sentarte a analizar si no te molestó alguna vez el algún cambio en alguna otra adaptación de algún producto que te haya gustado en un formato y no haya cumplido con tus expectativas en su nueva presentación.

Está la otra cara de la moneda. Existe todo el derecho a defender la nueva concepción de La Sirenita tal y como la ha pensado el director de la nueva adaptación y hay un error grave en que los inconformes se manifiesten de forma ofensiva. Quizá ese producto no es para ti, pero inspirará a otros públicos, a otras generaciones; le dará la magia de Disney que en su momento te dio la Ariel de 1989 y está muy bien. Si no nos agrada lo que se ha hecho sólo tenemos que hacernos a un lado, votar con la cartera y mantener un debate racional y respetuoso en lugar de comenzar con actitudes tóxicas y ofensivas. Halle Bailley es una cantante muy talentosa y quizá esa es la principal razón por la que fue elegida para tomar el papel de Ariel; agradezco de toda esta polémica que he descubierto su música que quizá mañana esté en mis playlist favoritas, esté o no de acuerdo con la decisión de que ella vaya a ser la nueva Ariel. Me parece muy injusto y triste todo el odio que pueda llegar a recibir la cantante por esta razón, independientemente de que nos guste que haya sido elegida para interpretar a ese personaje.

En mi opinión muy personal, me parece poco acertado que los remakes live-action de Disney apelen a la nostalgia y a la curiosidad de ver en un nuevo formato películas que marcaron a toda una generación y que al final tomen una dirección completamente distinta, causando así la polémica y el descontento que, desafortunadamente, va de la mano con las faltas de respeto y el odio de los que responden con el estómago en lugar de usar la cabeza. Me gustaría más que se crearan historias completamente nuevas adaptadas a las nuevas generaciones y a los nuevos mensajes que se quieren transmitir, conservando uno que otro guiño a los clásicos, pero siendo claros desde el inicio de que es algo nuevo sin colgarse de la nostalgia. Lo sé, eso quizá no tendría tantos frutos económicos como los que se desprenden de la mera curiosidad de ver la transformación de un clásico, pero mientras el público no vote con su cartera, eso seguirá sucediendo. Vivimos en una época en la que el negocio de la nostalgia impera en la mayoría de los ámbitos del entretenimiento.

Esa es mi postura, pero es muy posible que tú, estimado lector, opines diferente y está bien. Si todos pensáramos igual no habría debate y vaya que es bueno debatir de forma sana, para prueba están nuestras acaloradas discusiones en el podcast que le dan sabor a la charla. Qué aburrido sería vivir en un mundo donde no hubiera pensamientos encontrados, pero hay que saber cómo vamos a expresarnos.

Basta del odio detrás del anonimato de tu móvil o el teclado de tu computadora, basta de dejar que los sentimientos negativos sean los que respondan y ofendan a otros en lugar de usar la cabeza para mantener un diálogo en el que todos tengan el derecho a defender lo que piensan. Podemos construir comunidades sanas en las que cada quien exponga sus puntos de vista sin miedo a la respuesta agresiva de quien se sintió ofendido, ¿no creen?

No importa si te pareció bien o mal la elección de Halle Bailley como Ariel, puedes opinar, pero no olvides que el respeto es la única diferencia entre un diálogo agradable y el odio que impera en las comunidades tóxicas de internet.

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